Pese a que el Cabildo de Tenerife, hace ya muchos años ejecutó la obra de la depuradora de aguas negras en el valle de Güímar, la misma no termina de arrancar; mientras los equipos e instalaciones se echan a perder; y encima la costa de los tres municipios de nuestro Valle, se llenan de residuos líquidos malolientes que se vierten por medio de emisarios submarinos. En este momento las aguas se vierten sólo con un pretratamiento que le quita al desecho, las partículas sólidas de cierto tamaño y los aceites y grasas que se mezclan con el agua sucia.
La solución pasa por acometer unas mejoras técnicas y unos equipos que hagan viable la obra, que se deteriora por la desidia de las administraciones canarias. La instalación, además ha sufrido el acoso de los vándalos y algunos robos.
No parece que de inmediato se vayan a tomar medidas para la puesta en marcha de la necesaria infraestructuras. Mientras podremos bañarnos en estas playas con un cierto tufo. No pregunten de que.




















